YO SERÉ UN COLIBRÍ: ¿Y TÚ? (por Mar Verdejo Coto)

Mar Verdejo, coportavoz de Equo Almería

Mar Verdejo, coportavoz de Equo Almería

Señores políticos les pregunto: ¿y de la crisis qué tal? ¿Bien? El presidente Rajoy dice: “hemos salido de la pesadilla”. No sé para él qué es una pesadilla pero para mí los siguientes datos son terroríficos, estando dormida y/o despierta.

La pobreza o exclusión en España ha aumentado un 27,3% en los últimos cuatro años: 12,8 millones de españoles y españolas estamos en riesgo de pobreza o exclusión social. Los jóvenes entre 16 y 30 años son el colectivo más afectado con un 33% y seguido de la infancia con un 31, 9% -según los datos del cuarto informe sobre el “Estado de la Pobreza en España de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social” en el Estado Español (EAPN). Las políticas han fracasado y el sufrimiento de los niños de hoy es cada vez mayor. ¿Qué ocurrirá con ellos en las próximas décadas? El informe de UNICEF no es nada halagüeño, en él calcula que los niveles de pobreza infantil han crecido un 28% entre 2008 y 2012. Y los jóvenes que no estudian ni pueden trabajar son de casi uno de cada cinco. ¿Qué futuro pueden esperar? Si el estado del bienestar es proteger a la sociedad más vulnerable, España ha demostrado que es ineficaz y que estamos en la más absoluta deriva. Las políticas de austeridad han recortado de manera drástica la ayuda a la infancia en un 14,6%, según el informe de la Fundación Tomillo para el Comité Español de Unicef. Crecer en la pobreza durante la infancia tiene efectos de por vida en la seguridad y preparación de los que la viven. La intervención del Estado español con estas políticas austericidas, y también podríamos llamar suicidas, no han reducido la desigualdad entre ricos y pobres, sino todo lo contrario. Las políticas públicas españolas han beneficiado más a las rentas más altas y grandes empresas, con independencia del partido político. Las desigualdades se han potenciado con la política de subsidios e impuestos del Gobierno (ver la variación en el índice Gini). Y a pesar de todo esto, se siguen mofando de nosotros; no importa el signo político en el que se amparan: ¿saben cuántas acciones legislativas directamente relacionadas con el bienestar de la infancia se han tramitado en el Parlamento desde 2001? Dos, y las dos las rechazaron. Son crueles y el sadismo al que nos están sometiendo no tiene límites. La creación de empleo precario, temporal y con bajos salarios impide que los hijos de las familias trabajadoras puedan escapar de la pobreza. En la época de bonanza se nos olvidó fortalecer el tejido del sistema de protección y ahora no podemos hacer frente al impacto que la crisis ha hecho en a la infancia. Lo que más duele es el escaso o nulo interés que muestran los responsables políticos y las instituciones en hacer frente a la pobreza infantil.

Hay un cuento africano que se llama: “Yo seré un colibrí”, narrado por Wangari Maathai, doctora bióloga africana y Premio Nobel de la Paz en 2004, en el que cuenta como un pequeño colibrí se enfrenta a un enorme incendio en el bosque. Los animales del bosque salen y se quedan totalmente paralizados e impotentes observando como el bosque se quema totalmente. Todos excepto un pequeño colibrí que vuela tan rápido como puede. Mientras el bosque arde los animales grandes, como el elefante que podrían llevar más agua con su gran trompa, están ahí parados y le recuerdan continuamente al colibrí que es pequeño, como sus alitas y su pico. Pero el colibrí se pone manos a la obra y gota a gota va llevando agua para extinguir el fuego. El resto de los animales siguen impasibles y el colibrí, sin perder tiempo en llevar gotas al incendio, les dijo: “yo estoy haciendo lo mejor que puedo hacer, y eso es lo que deberíamos de hacer todos”. Podemos sentirnos insignificantes e incluso nos podemos sentir abrumados ante el constante bombardeo de problemas a los que nos debemos de enfrentar y ante ellos, estoy convencida de que como yo, muchos podemos decir: “yo seré un colibrí” porque está en juego el futuro de nuestros niños y niñas, y por tanto nuestro futuro.

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