¡NO A NUESTRA COSTA! (por Mar Verdejo Coto)

Con este lema más de cien colectivos y asociaciones rechazan la nueva Ley de Costas. Pero analicemos por encima qué repercusiones tendrá. Lo primero que hay que preguntarse, ¿qué buscan los turistas que vienen a Almería estos días? ¡Preguntémosles! Vienen por nuestras franjas de costas que son consideradas las más vírgenes del Mediterráneo, las constructoras esto lo saben muy bien, y también lo utilizan como señuelo. En la revista “National Geographic Travelers”, en la que se enumeraban cien destinos mundiales turísticos, se valoraba con la peor puntuación medioambiental a la Costa del Sol, el 66% de sus municipios tienen urbanizado desde la playa hasta un kilómetro al interior ¿Es esto lo que queremos para la Costa de Almería? ¿Sólo somos capaces de generar empleo con el ladrillo? Además, el modelo de los grandes hoteles ha fracasado, muchos han tenido que cerrar y otros se están vendiendo, o incluso no pueden estar abiertos todo el año, como es el caso de la mayoría de los recién construidos en Almería. Este tipo de turismo sólo genera empleo de mala calidad.
La degradación de la costa en la provincia tiene principalmente dos focos: uno por la agricultura intensiva, debido a la extracción de arenas, invasión del dominio público, etc., y el otro es el turismo. Hasta 1988 no había una Ley de Costas que impusiera una disciplina turística, lo que ha favorecido que haya congestión y masificación en la línea costera, no dejando espacios públicos necesarios. Pero no todo se construyó antes de esa fecha, tenemos ejemplos como Macenas, o el Algarrobico, o incluso pueblos, como el de Villaricos, en el que la congestión es tal, que tan sólo tienen una plaza de apenas 200 metros cuadrados, o en barrios como el Zapillo, hemos vuelto a repetir los errores de los años 60-70, que tanto hemos criticado en nuestro modelo de ciudad, con las Torres de la Térmica. Y aún así, con la Ley de Costas del 1988, las cifras ya son alarmantes, en cuanto a construcción en línea de costa: el 71% de Roquetas de Mar, 100% en Vera, 56% en Mojácar, y Níjar está al límite de su capacidad. Y en este afán de ladrillo, nos hemos cargado los ecosistemas dunares, humedales, salinas, deltas, hemos fomentado la desaparición de playas, acantilados, echamos contaminantes al mar, y aguas residuales urbanas, etc. Y eso, que la Ley supuso un gran adelanto sobre el interés común, que estaba por encima del privado, preservando los valores naturales, y evitando el apantallamiento costero.
¿Qué futuro le espera a nuestras costas, tan apreciadas por nosotros y por los turistas que nos visitan? La fatídica nueva Ley, supondrá una privatización de las mismas, se podrá construir en las dunas estáticas, los ayuntamientos no necesitarán los estudios de Impacto Ambiental, la ley obligará a revisar deslindes y sentencias firmes, se podrá construir en zonas de temporales y riadas, también en zonas húmedas alimentadas artificialmente, dejando éstas de pertenecer al Dominio Público, como por ejemplo, las Salinas de Cabo de Gata. Ni contempla lo que aumentará el nivel del mar, en los próximos años, que según diferentes estudios científicos será de varios metros. La destrucción será irreversible, y les traspasaremos los problemas a las generaciones futuras. Como dijo Valente, “No se puede imponer nada entre el espectador y el mar”.

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