NI NOS CONFORMAMOS NI NOS RENDIMOS (por Ismael Fernández Luque)

La situación de la juventud española podría resumirse muy bien en el último dato de la encuesta de población activa (EPA). En concreto, para los menores de 25 años, el dato es del 53.28% de paro en el global del estado y (¡atención!) el 63.37% para los andaluces menores de esa edad (60.22% entre los 20 y los 24 años, y 75.93% entre 16 y 19 años). La palabra más suave que se me ocurre para calificar estos es de INTOLERABLE. Los datos extraídos de la EPA no ofrecen otro tipo de distinción en edades más allá de las ya mencionadas y la superior, de 25 a 55; aunque bien podría considerarse como joven, tenga la edad que tenga, cualquier persona que busque su primer empleo, que acabe de terminar su formación, o que tenga que vivir con sus padres. Un dato que contrasta con éstos es, por ejemplo, el número de alumnos que se matriculan cada año en la universidad española, que no deja de aumentar (último dato de 2011), o la búsqueda del empleo allá donde éste se encuentra (300.000 jóvenes españoles preparados nos dejaron para trabajar en el extranjero) que demuestran que los jóvenes, como personas que somos, necesitamos de perspectivas de vida, necesitamos de sueños, y los buscamos.
Durante todos estos años de las denominadas “vacas gordas”, a los jóvenes, en general, tampoco es que nos tocara la lotería (salvo excepciones). Los que estábamos preparados conseguíamos trabajos mileuristas (quien los pillara) y del tipo “aquí se sabe cuando se empieza la jornada, pero no cuando se termina”. Nos “emancipábamos” en pisos compartidos con otros compañeros y ahorrábamos lo que podíamos, quizá para tener vehículo propio y esas cosas. No pasa nada, todo llegará, iré ascendiendo poco a poco, conseguiré mi pisito propio. La mayoría de nosotros no participó de esa burbuja inmobiliaria que, al parecer, todos conocían pero que nadie frenó. Nosotros fuimos los que pagamos las consecuencias porque, ni teníamos nada con lo que especular, ni podíamos acceder a una vivienda medianamente digna (ni en propiedad, ni en alquiler). Eso sí, parece ser que contribuimos al ya bien conocido “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.
Sin embargo, parece ser que la mejor contribución o invención que hicimos fue la de la llamada generación ni-ni (ni estudias, ni trabajas). Sinceramente, y salvo excepciones, yo no he visto mucho de eso. Si bien antes he descrito los típicos primeros años de un recién graduado universitario, la otra cara de los “años del boom” fueron los currantes. Sí, ese colectivo que ahora tiene la culpa de todo porque se le ofrecía trabajo y buen sueldo (habría que verlo), se le pedía que ayudara al sistema comprando casa y coche (hipoteca mediante), si puede ser que tuviera hijos, que alguien tendrá que pagar las pensiones, y que pasaba por el aro. Pues bien, tampoco creo que ellos tengan la culpa de mucho por pasarse la mayoría 8 o 9 horas al día en la obra, de sol a sol en las fábricas, por ganar 700 euros en cualquier caja de hipermercado, o por recoger los frutos de nuestros campos.
Sin embargo, la generación de vagos ni-ni, como vagos que son, han salido de los primeros de los puestos de trabajo, han tenido que tragar con sueldos de becario por cada vez más tiempo, han tenido que comerse las hipotecas esas del “no te preocupes, la vivienda nunca baja”, o han perdido las ayudas a la emancipación mientras se les decía que hay que ser flexible en el destino laboral. Pero claro, es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.
Pues no. Nuestras posibilidades son: ¿que me echan del trabajo?, pues tendré que volver a casa de mis padres; ¿que no puedo trabajar de lo mío?, pues me hago un postgrado; ¿que me subes las matrículas?, pues me busco un curro en cualquier sitio; ¿que no hay curro en cualquier sitio?, pues a ver si mis padres me lo pueden prestar por un tiempo, ¿que mis padres tampoco tienen?, pues… Me indigno. Y así, como el que no quiere la cosa, nos dimos cuenta que estábamos en un mundo que ya estaba hecho cuando llegamos, y del que encontramos un montón de agujeros por todos lados. Nos dimos cuenta de las lagunas democráticas, del funcionamiento de los partidos políticos, de los intereses reales de los que se suponía que nos representaban, de la ley electoral, y sobre todo, entendimos quiénes mandaban realmente. Y no éramos nosotros, y no era para nosotros.
Pero aquí estamos, no nos vamos a resignar con lo que tenemos, quizá tengamos que salir fuera a buscar un futuro inmediato, pero no duden en que vamos a intentar levantar esto porque sin nosotros no será posible, porque si no es para nosotros, no será viable. Porque vamos a fundar otra generación ni-ni, ni nos conformamos, ni nos rendimos.

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