LOS ÁRBOLES Y LA CIUDAD (por Mar Verdejo Coto)

Foto Mar VerdejoEl humor gráfico es certero. Un ejemplo de ello es la historia que se cuenta, en tan solo dos viñetas, sobre la necedad de los políticos gestionando los espacios verdes públicos. En la viñeta uno, se ve a un político dando instrucciones a una constructora diciendo: “Necesito toda esta área libre para mañana”, refiriéndose a una gran zona arbolada. Y en la viñeta dos, en la que ya se ve la zona vacía y desolada, el susodicho político, muy sonriente, está plantando un arbolito rodeado de los medios de comunicación. La escena está coronada con un cartel que dice: ¡Ciudad Verde! Qué gran paradoja.
Este ejemplo gráfico ocurre, a tiempo real, en cualquier parte del mundo y en nuestra provincia con ejemplos claros y concretos: hay a decenas todos los días, como ejemplo literal de la viñeta tenemos lo que ha ocurrido en la localidad almeriense de Fuente Victoria, recientemente han sido talados árboles en un parque para colocar en su lugar una pérgola que dé sombra. Decía el poeta Emil Ciorán: “Hay algunos hombres tan necios que si una sola idea aflora a la superficie del cerebro, esta se suicidaría, aterrada por su soledad”. Paseando por cualquiera de nuestras ciudades nos damos cuenta que las podas son tan drásticas que no se respeta ni la biología del árbol ni la de los animales que en él habitan: no respetamos ni cuando están en época de nidificación. Otro ejemplo: durante días se ha estado podando en los alrededores de la iglesia del populoso barrio de Almería de las “500 Viviendas”, sin tener en cuenta que los árboles de la ciudad sirven de lugar de refugio y nidificación para nuestros beneficiosos vecinos emplumados. Nos da igual podar cuando las aves están intentando sacar sus crías adelante, y preferimos que quede todo bien “recortadito” para que pueda pasar sin problemas el santo en la procesión del barrio. No somos conscientes de cómo estamos desconectados en la ciudad de la Naturaleza, de la que también formamos parte. En el programa de radio “El Bosque Habitado” recuerdan que Plinio decía: “la sombra del árbol fue el primer templo”. Y, entre tanta necedad, aparece un rayo de lucidez política en temas de árboles, una mente clara que brilla por sí misma y, muy a mi pesar, no es de mi ciudad ni tan siquiera es de mi provincia, hablo del alcalde del pueblo de Rozadas en Asturias, Félix González, que está a la cabeza de una campaña para salvar un Arce bicentenario llamado el “Carbayón de Rozadas”, en el cual, los vecinos bajo sus ramas han pasado su vida en conversaciones, juegos, risas, lágrimas y amores. Los árboles son parte de nuestras vidas por más que nos empeñemos en aniquilarlos de ellas: “forman parte de nuestros recuerdos y olvidos”, dice Ignacio Abella, observador de la naturaleza como él se define, y son imprescindibles en las mismas. En palabras del escritor y naturalista Joaquín Araujo: “cada árbol en pie es un bastón para esta Sociedad lisiada”. Necesitamos muchos más alcaldes y gestores cómo Félix, que ama a los árboles porque entiende el verdadero significado y valor de los mismos en nuestras vidas y en nuestro paisaje. Hace falta voluntad política para proteger a los árboles y urge encontrarla porque hemos arrasado, en tan solo unos años, la mitad de los árboles del planeta.

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