Día de la Gente de la Mar, día del pescador artesanal

Las Naciones Unidas en la Conferencia de Manila en el 2010, a través de la Organización Marítima Internacional, aprobó una Resolución reconociendo la aportación que realiza la gente de mar de todo el mundo al comercio marítimo internacional, la economía mundial y la sociedad civil en su conjunto, declarando el 25 de junio “Día de la Gente de Mar”.
La mar… nuestras mentes vuelan como la gaviota que planea en torno a los barcos de pesca, esa embarcación de pasajeros o ese mercante que transporta productos quién sabe dónde, pero sobre todo su vuelo ha acompañado al pescador.
Si hay algún protagonista en esta historia, si lo ha habido y seguirá siéndolo, este es el pescador artesanal. Desde que la especie humana dio sus primeros pasos, una de sus fuentes de alimentación fueron los peces iniciando así una complicidad entre la mar y los pescadores que todavía aún continúa, a pesar de los mercados. Han sido el pasado, son el presente y ocurra lo que ocurra serán el futuro, es la única pesca con capacidad de adaptarse a las más variadas circunstancias.
Ningún sector ha aportado más en todas las comunidades locales del mundo que el pescador tradicional, sin horarios, entregados a su trabajo, ni tan siquiera la jubilación les separa de la mar, únicamente la señora de la guadaña es la que lo consigue.
En los tiempos que vivimos si hemos de realizar un balance de los puestos de trabajo, de la riqueza que distribuye entre la población, de la capacidad de optimizar recursos consiguiendo los mejores resultados, solo podemos estar hablando del “pescador artesanal”.
Desde niños huelen la mar, ambicionando emular a sus mayores en cuanto crezcan, colándose en los barcos y jugando entre las redes, así pasan la infancia, en muchos casos muy corta, pues con escasa edad en muchos países embarcan en pequeñas canoas para ir a la pesca y aportar su trabajo al sustento de su familia. En el mejor de los casos, y esperando la llegada de ese momento, es tu padre quien te saca la “cartilla” quedando registrado como marinero en la correspondiente Provincia Marítima, como así ocurrió con el que escribe a los 15 años, disponiendo así de “Licencia para Navegar”.
Desde el momento que comienzas a pescar entras en comunión con la mar y nunca te vuelves a separar de ella como si de una madre se tratara, no es un mero trabajo, no, es tu vida, a la que te entregas a partir de ese momento.
Preparar los arreos de pesca, la carnada, la jarcia y cabos, dar la patente al barco, y ya preparado todo, ya sea al amanecer o al ponerse el sol, salir a pescar. Siempre acompañados de la infinidad de señales que la mar te da, y que nunca los aparatos modernos podrán precisar y menos descifrar, el color del agua, las corrientes, el aire, las estrellas y la luna, las tonalidades del sol al salir o al ponerse, … van indicando al pescador hacia dónde dirigirse con su barco y calar, buscando la mejor pesca.
El pescador artesanal siempre sabio y solidario no solo dedica parte de su esfuerzo a vender su pescado sino que una parte la ha dedicado siempre a repartirlo entre la familia y amigos, con una amplia sonrisa. Es esta forma de ser, su sabiduría e historias que contar, ya convertido en lobo de mar y retirado a tareas más relacionadas con coser las redes y preparar la carnada, la que guía al resto del colectivo, enseñándoles a capear los temporales de la mar y de la vida.
Hoy la batalla se libra principalmente en los despachos y es allí donde hay que capear las peores tormentas, por eso muchas organizaciones, entre las que se encuentra EQUO Almería,  realizamos una total defensa para que la Política de Pesca Comunitaria apueste por crear las normativas y condiciones que garanticen una gestión sostenible de los recursos pesqueros siendo parte imprescindible de este objetivo el sector de la pesca artesanal.

Paco Toledano
Miembro de EQUO Almería

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