DESIGUALDADES (por Mar Verdejo Coto)

Mar Verdejo, coportavoz de Equo Almería

Mar Verdejo, coportavoz de Equo Almería

Ha tenido que ser el Tribunal Superior de Justicia el que ha confirmado lo que ya sabíamos en el ámbito empresarial: que hay desigualdad salarial entre hombres y mujeres. La popular cadena de grandes almacenes del país, según el auto de la Audiencia Nacional, tendrá que aplicar medidas que reduzcan esta desigualdad.
¿Cómo ha ocurrido esto en una empresa de renombre? Es sencillo, es un hecho demostrable que existen desigualdades en las empresas, en las instituciones y, en general, en nuestra vida cotidiana, aunque pueda parecer todo lo contrario. Existen diferentes webs, informes, etc. que hablan de los Planes de Igualdad además de exhaustivos estudios, reflexiones y evaluaciones de los mismos. Pero en una visión más pequeña o profunda comprobamos que están vacíos de contenidos aunque: propongan, impulsen, sugieran o procuren. Es decepcionante comparar lo que hay escrito en el papel y lo que se hace en la práctica. Las concejalías de la Mujer, por ejemplo, vuelcan sus esfuerzos en el Municipio pero no se oponen a que desde otras concejalías, políticas y actuaciones sean contrarias a la igualdad, porque esto se considera imposible. Tras proponer una y otra vez Planes de Igualdad, en los que tan sólo quedan folletos, webs, actos de presentación, premios, camisetas naranjas, etc., el Consejo de Europa empieza a recomendar Planes Integrales de Igualdad, o también llamados “Mainstreaming”, para intentar que sean más viables los planes que abogan por la igualdad. El esfuerzo de los técnicos de Políticas de Igualdad debería de ir acompañado de concejalas, consejeras, etc. comprometidas si las hubiera. Muchos dicen: ¡la igualdad está conseguida! y si seguimos luchando por ella las mujeres tendríamos más privilegios que los varones. Para que la igualdad sea una realidad es necesaria una auténtica voluntad política o del equipo que ostenta el poder: hay que tener determinación política y disminuir los recursos que actualmente están dirigidos a actividades exclusivamente masculinas. Si analizáramos los presupuestos con perspectiva de género obtendríamos datos que demostrarían que los planes, programas o actividades aparentemente neutros, como los planes de empleo, están reforzando la desigualdad. Las sociedades más desigualitarias propician que los colectivos desfavorecidos tengan menos acceso a estos planes, aumentando además la desigualdad social.
Los pequeños logros se deben a las personas que se comprometen en las luchas. Mi agradecimiento a cada una de ellas que aportan mucho más de lo que creen con su granito de arena y que con desaliento combaten las injusticias en todos los niveles: en casa, trabajo, concejalías, consejerías, ministerios, etc. si cambian a estas personas desaparecen los avances. Decirles que no están solas y que son imprescindibles en esta que parece una imposible meta. Decía G.B. Shaw: “donde la igualdad no se discute, allí también hay subordinación”. Mi reconocimiento a todas, pero en especial, a Susana Fernández y Pilar López por alumbrarme en el desaliento compartido.

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