Alicia en el País del Nunca Jamás

Mar Verdejo Coto

Mar Verdejo Coto

Hace ya un año que los compañeros y compañeras, del cole del Azcona, formamos un grupo de whatsapp y en él, como en el patio del colegio, está el devenir del día a día. A primera hora de la mañana vamos despertando y dando los buenos días, por la noche a medida que nos apagamos, porque nos quedamos sin baterías solares, damos las buenas noches. Les envío siempre el mismo mensaje: “Buenas noches niños y niñas del País del Nunca Jamás”, porque Manolo Martínez, uno de los niños más travieso del B, treinta años después, decía que existía ese país dónde siempre somos los niños y las niñas que fuimos. Al mirarnos, nos reconocemos como esa chiquillería que correteaba en el patio del colegio. Y cuando pienso en Alicia, la bebé que fue, presuntamente, lanzada por la ventana por su agresor sexual y asesino, me imagino que estará en ese país con el resto de niños y niñas que fuimos y con los que les arrebataron la infancia porque en el País de las Maravillas no vivieron.

Los responsables políticos y sociales son también los causantes, aún diciendo que se sorprenden de estas tragedias. La mayoría de los casos contra niños en España permanecen ocultos y los que se conocen, en el Ministerio de Interior, son la punta del iceberg. Los menores son las víctimas invisibles del hogar. Más de 80, según la ONG Save the Children, en los dos últimos años en nuestro país, se han quedado huérfanos como consecuencia directa de la violencia que se ejerció sobre sus madres: 7 de ellos murieron en la misma agresión en la que su madre fue asesinada. 54 menores han sido asesinados en la última década por hombres con los que sus madres mantenían o habían mantenido relaciones. Más de la mitad de los hijos de las mujeres que sufrieron violencia machista, en el 2015, también sufrieron algún tipo de maltrato, según Pilar Martín Nájera fiscala de Sala de la Violencia sobre la Mujer, poniendo de relieve “el grave problema” que supone que los menores vivan en un ambiente de violencia. Aunque no tengamos datos, porque no salen a la luz ni se denuncia: los niños y las niñas también son víctimas de la violencia machista, por lo que no se puede escatimar en todos los recursos oportunos para garantizar la protección de la infancia. Ningún niño tiene que crecer en un hogar donde se ejerce la violencia. En 2015, según la Policía Nacional, los delitos con abusos sexuales a menores fueron de 1.967 casos, incrementándose un 5% con respecto al año pasado. Más de 36.800 fueron víctimas de delitos violentos en España ese año, de los cuales 47 fueron víctimas de intentos de homicidios o asesinatos, 23 de ellos murieron.  La infancia tendría que estar protegida de todas las formas de violencia con una estrategia integral: ley de medidas de protección integral, intervención como la prevención, protección y reparación, creación específica de juzgados de instrucción de violencia contra la infancia. Las agresiones no sólo son de malos tratos, agresiones sexuales o abuso sexual, muchos soportan agresiones y/o humillaciones en el ámbito educativo, a través de las redes sociales en las que se les amenaza y extorsiona “sin dar la cara”, mediante, violencia psicológica o trato negligente, dice Andrés Conde, director de Save the Children.

Por todos esos niños y niñas, de número desconocido, despertemos, salgamos de esta espiral deleznable y actuemos, no sólo con los minutos de silencio, porque si no nos deberíamos de preguntar: ¿Qué sociedad somos que no protegemos a la infancia?

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